INCLUSIÓN EDUCATIVA Y FORMACIÓN DE PROFESORES
La atención de
los estudiantes que presentan necesidades educativas especiales (nee) por muchos años ha estado a cargo
de especialistas como fonoaudiólogos, terapeutas ocupacionales, profesores
diferenciales entre otros (mineduc,
2007), esta tendencia se ha mantenido los últimos años y muchos de los fondos
de la ley de Subvención Escolar Preferencial se han orientado hacia el Programa
de Integración Escolar que mantiene la idea de apoyos pedagógicos en estos
profesionales que colaboran con los profesores dentro del aula en el
tratamiento de estos estudiantes clínicamente diagnosticados y donde se
establece una hibridez de las políticas de inclusión social y en especial en el
actual sistema educativo donde conviven en paralelo la idea de integración con
el nuevo paradigma de la inclusión (López et al., 2012).
En la
investigación de Tenorio (2011) realizada a futuros profesores de enseñanza
básica reconocen como una debilidad la falta de preparación en temas
relacionados con diversidad en el aula, integración escolar y estrategias
pedagógicas para estudiantes con nee.
Así mismo, Chiner (2011), luego de una revisión sobre investigaciones de
percepciones y actitudes del profesorado hacia la inclusión de alumnado con nee en el mundo anglosajón e hispano,
logra establecer una aceptación general a la idea de inclusión, aunque el apoyo
disminuye a la hora de implicarse y favorecer prácticas reales de inclusión en
las aulas. Entre las razones entregadas en esa disminución se mencionan la
falta de tiempo, la falta de preparación o formación y los recursos para
atender a estudiantes tan diversos. La falta de preparación también es
destacada por la investigación de González-Gil y colaboradores (2016) cuando manifiestan
la necesidad de mejorar los programas de formación docente para que aprendan a
trabajar con todo el alumnado y en contextos de amplia diversidad.
Para el caso
chileno la investigación de Sanhueza, Granada y Bravo (2012), establecen que
los profesores participantes del estudio apoyan decididamente la idea que la
educación inclusiva posee beneficios sociales, sin embargo, la percepción
disminuye cuando se plantea un beneficio académico para todo el alumnado. Los criterios de desempeño profesional de los
profesores chilenos están descritos y determinados en el Marco para la Buena
Enseñanza (mineduc, 2008) con un énfasis
en el logro de los aprendizajes de los estudiantes. Los profesores asumen
diversas responsabilidades pedagógicas dentro de este marco, como identificar
fortalezas y debilidades en el aprendizaje de los estudiantes, crear climas de
convivencia y desafíos de aprendizajes significativos y también involucrar a
las familias dentro de la comunidad educativa, pero no se hace alusión
explícita a la creación de estrategias para el trabajo hacia la inclusión
educativa lo que plantea un desafío para la formación inicial y permanente de
nuestros profesionales de la educación.
A partir del año
2015 se aprobó la Ley de Inclusión (mineduc,
2015) que regula la admisión de los y las estudiantes, elimina el
financiamiento compartido y prohíbe el lucro en establecimientos educacionales
que reciben aportes del Estado comenzando un proceso nuevo para la gestión de
los centros educativos en materia de integración, inclusión y atención a la
diversidad. Los retos de incorporar prácticas inclusivas en el centro educativo
deben ser asumidos por todos sus actores y se requerirá información y formación
para lograr los objetivos que persigue la ley (González-Gil et al., 2016). Esta
tensión debe ser un motivo de investigación e intervención para las políticas
públicas.
Este es la introducción del artículo de investigación que saldrá publicado en Noviembre de 2018 en la Revista Lationamerica de Educación Inclusiva https://scielo.conicyt.cl/revistas/rlei/eaboutj.htm
Comentarios:
Dr. Pablo Castillo Armijo
Facultad de Ciencias de la Educación
Núcleo Científico Multidisciplinario D-I
UNIVERSIDAD DE TALCA- CHILE
pacastillo@utalca.cl
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