EXCLUSIÓN, INEQUIDAD E INJUSTICIA EDUCATIVA EN CHILE
Los problemas de la
inequidad e injusticias educativas son de los principales problemas que
enfrentan todos los países latinoamericanos y han marcado las agendas políticas
desde la mitad del S. XX en adelante, con algunos pequeños avances y
retrocesos. Siguiendo a Aguerrondo (2008) en su análisis que realiza en
perspectiva histórica, ha logrado distinguir cuatro corrientes de políticas educativas
hacia la equidad en el contexto de Latinoamérica a saber;
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La
primera corriente la sitúa entre las décadas del 40’ y 50’, donde el concepto de
inequidad educativa estaría centrado, preferentemente, en el acceso universal a
la escuela primaria, al proceso de alfabetización inicial. Las políticas
empleadas serían la distribución de útiles escolares, vestimenta y comedor
escolar, por lo que se puede apreciar que la vulnerabilidad estaba relacionada a
la carencia material.
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La
segunda corriente se daría entre las décadas de los 60’ y 70’, donde el foco
seguiría siendo la alfabetización y acceso a la escuela básica. También se
incorpora la visión psicológica del aprendizaje en la atención especializada a
estudiantes con problemas (aprendizaje y discapacidad) y se estandarizan el
currículum nacional como forma de mejorar la educación, y por ende, la equidad.
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La
tercera corriente educativa se encuentra en los años de los 80’ y 90’, donde la
preocupación central sobre la equidad se uniría estrechamente al concepto de
calidad educativa, y se comienzan como las mediciones nacionales e
internacionales a través de instrumentos estandarizados , se inicia un periodo
marcado por políticas de accountability
en los sistemas educativos que repercutirá fuertemente en las prácticas
pedagógicas, en la discusión sobre la desprofesionalización docente y el inicio
de ranking de todo tipo. Desde estas mediciones se establecerían las
comparaciones para establecer las inequidades en los logros de los aprendizajes
como eje estructurante de las políticas públicas venideras.
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La
cuarta corriente educativa la podemos situar en las décadas del 90’ hasta el presente
cuando describió este fenómeno educativo, estaríamos situándolo hasta el 2010.
Dentro de estas tres décadas la inequidad se entiende como falta de calidad y
de logros del aprendizaje derechamente, y se implementarán políticas públicas
para la detección de nuevas necesidades educativas. Comienzan procesos de
integración en las escuelas, se aumentan los años de escolaridad obligatoria,
se disminuye el analfabetismo, pero persisten procesos de exclusión que
determinan al fracaso escolar como el gran mal a resolver en las próximas
décadas.
Completando el análisis
de Aguerrondo (2008) creemos que desde la última década en Latinoamérica, se
viene dando con mucha fuerza una corriente que establece a la inclusión y la
justicia social como ejes estructurantes de las nuevas políticas educativas y
sociales a diseñar por los aparatos estatales. Esto coincide con las
declaraciones internacionales, en especial la ONU/CEPAL (2016) denominada Agenda
2030 para el Desarrollo Sostenible y su Objetivo ODS4 que busca “garantizar una
educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de
aprendizaje durante toda la vida para todos”.
Estas corrientes
educativas explicadas anteriormente, y siguiendo el análisis socio-crítico que
hace Gentili (2009) serán denominadas como políticas de “exclusión incluyente”
en relación a los avances y retrocesos del desarrollo de los sistemas educativos
de toda la Latinoamérica.
Gentili (2009) define
la “exclusión incluyente” como el proceso mediante el cual los mecanismos de
exclusión educativa se recrean y asumen nuevas formas en el sistema educativo,
en el marco de políticas y dinámicas de inclusión o inserción institucional que
acaban resultando insuficientes o, en algunos casos, inofensivas para revertir
los procesos de aislamiento, marginación y negación de derechos que están
involucrados en todo proceso de segregación social, dentro y fuera de las
instituciones educativas. Dicho de otro modo, la exclusión no solo involucra la
negación del derecho a la educación sino también un conjunto de relaciones
sociales y circunstancias que la reproducen consciente o inconscientemente por
las agencias del Estado y las propias comunidades educativas.
La crítica que
establece Gentili (2009) la fundamenta recogiendo el texto base de la
Declaración Universal de los Derechos Humanos (ONU, 1948) que consagra a la
educación como un derecho pleno de todo ciudadano, y por tanto debe ser
defendida por los Estados como bien público, y no entregado al mercado de la
educación.
El
caso chileno es paradigmático en la región, ya que iniciada la década de los 80’
traspasará muchas de sus atribuciones, como salud y educación al arbitrio del
mercado, iniciando un proceso de “exclusión incluyente” vía la municipalización
de la educación pública. Este proceso de municipalización iniciado en plena
dictadura será sostenido por todos los gobiernos democráticos posteriores
durante tres décadas, bajo principios de competencia y eficiencia propios del
mercado, un tanto cuestionables en educación. (Orellana, Sanhueza &
Guajardo, 2016).
El
proceso de
municipalización de la educación chilena está siendo revertido gradualmente con
la Ley Nº 21.040 que Crea el Sistema de Educación Pública (MINEDUC, 2017), y
solo fue cambiado por la presión estudiantil del 2011 que logró impulsar la
gratuidad en educación superior a los primeros cinco deciles de estudiantes más
pobres, y una reforma de la educación superior y mejora de la educación pública
en todos sus niveles (Borri, 2016).
Para Gentili (2009) la
mejora en el acceso a una educación básica de los más pobres de las últimas
décadas, se ha visto empañada porque esos avances en la garantía del derecho a
una educación para todos fueron acompañados por un proceso de “universalización
sin derechos”, es decir, esta expansión en el acceso de los más pobres se
realizó en un contexto de déficit de las condiciones necesarias para asegurar
la calidad educativa, provocándose una “expansión condicionada” a procesos de
segmentación y diferenciación escolar, con la consiguiente distribución
desigual de las oportunidades educativas.
La escuela no puede
superar sola las inequidades e injusticias, si en la misma sociedad persisten
exclusiones que la superan. Para Freire (2005) se abre el
camino de una pedagogía de la oportunidad y de la esperanza, si los diferentes
actores se involucran en procesos críticos y emancipatorios de la realidad
establecida, comenzando a emerger como seres autónomos y re-creadores de su vida
cotidiana.
Es
en este proceso crítico y emancipatorio es donde debemos partir como
educadores, cuestionando primero ¿cómo?, ¿para qué? y ¿quiénes? han construido
el conocimiento dentro de la escuela, para luego develar y denunciar los
procesos de vigilancia y poder que comúnmente se establecen en las relaciones
entre los sujetos que forman comunidades (Foucault, 2003).
El
conocimiento que se transmite en la escuela se juega en una lógica de
exclusión, donde el conocimiento se basa en una cultura dominante, en una
cultura homogénea, blanca, europeizante, heterosexual y masculina, se expresa
en el lenguaje de esa cultura, se transmite a través del código cultural
dominante, que para los estudiantes que pertenecen a éste es muy fácil de
entender, mientras que los estudiantes de la cultura dominada ven este lenguaje
como algo raro, ajeno y extraño a su realidad, es así como los niños de clases
dominadas ven constantemente desvalorizada su cultura e identidad (Tadeu da
Silva, 1999; Sousa
Santos, 2010).
Frente
a esto cabe reflexionar ¿Con qué fin o intención se presentan los contenidos
curriculares oficiales? ¿Qué saberes se consideran como válidos de incluir y
evaluar en las escuelas? ¿Cuál es el tipo ciudadano/ sujeto o persona que se
está construyendo con el actual sistema educativo nacional?, es decir, se abren
muchas interrogantes que los educadores deben reflexionar y para ello deben
existir esos espacios de re-significación de su tarea e incluso de su rol (Hargreaves,
2005; Imbernón, 2005)
El
cambio de la cultura escolar no es nuevo, ya durante el Siglo XX recibió significativos
aportes con experiencias pedagógicas concretas como por ejemplo: Escuelas
Abiertas (Open Schools) y Escuela No Graduada como Summerhill en Inglaterra,
Movimiento Freinet y su escuela Vence en Francia, El Movimiento de Escuelas del
Mañana de Dewey, La Escuela Nueva en España, Escuelas Experimentales, Escuelas Libres,
Escuelas Alternativas.
Estos
sistemas pedagógicos alternativos, de contracultura en muchos casos, van graficando
que podemos revertir el estado de deterioro y desprestigio que tiene la actual
educación pública en Chile. Pero, ¿Podemos construir un nuevo paradigma en
educación?, ¿Es posible alterar la construcción histórica, política y
pedagógica del sistema educativo segregado actual? Creemos que lo que se
presenta son posibles respuestas o aproximaciones que se dan en ciertos
contextos, pero domina la mirada de la escuela hegemónica (Doin, 2012), donde
la gran mayoría hemos sido educados.
Finalizando
ya la primera década del Siglo XXI, el sistema educativo Chileno comienzan a
establecer un cambio de paradigma con la Ley de Inclusión Escolar que regula la
admisión de los estudiantes, elimina el financiamiento compartido y prohíbe el
lucro en establecimientos educacionales que reciben aportes del estado (Ley Nº 20.845/ 2015) y la Ley que crea el
Sistema de Educación Pública (Ley 21.040/ 2017), y que establece nuevos
requerimientos de calidad, cobertura, igualdad de oportunidades e inclusión,
principios que pueden estar abriendo la puerta para que surjan modelos
educativos menos rígidos, y en abierto diálogo hacia las familias y
estudiantes.
La inclusión educativa
debe ser considerada un concepto complejo y dinámico, y que para su instalación
como proceso político-educativo-social deben ir más allá de la superación
parcial de las condiciones que obstaculizan el derecho a la educación (fracaso
escolar, deserción, selección), sino que requieren cambios profundos e intencionados que se opongan a
las tendencias que niegan las desigualdades estructurales, en especial del
sistema económico neoliberal de libre competencia que deshumaniza en pos de la
eficiencia, eficacia y la competitividad.
Desde este planteamiento
teórico-ideológico nos situamos para comprender la realidad y subjetividad que
encierra el fenómeno de la educación, es por ello que nos atrevemos a plantear
una obra colectiva y colaborativa, donde intervienen diversas miradas, sentires
y pensares que confluyen en algo común, superar la inequidad, exclusiones e
injusticias educativas de nuestro país.
El Chile de la próxima
década está llamado a ser un país de encuentro entre ciudadanos/as que trabajan
por el bien común y el progreso social y cultural, con más igualdad y
oportunidades. Luego de 210 años de vida independiente es hora de construir un
futuro compartido con Latinoamérica, reconociéndonos en currículum propio y
descolonizado (Santos Sousa, 2010).
El rol de la educación
pública, de todos sus actores; profesorado, estudiantado, familias, técnicos y
profesionales serán claves en la construcción de esta sociedad más igualitaria
que aspiramos y que soñamos. El camino será arduo, pero más temprano que tarde
miraremos hacia atrás y veremos que todo valió la pena, y podremos irnos en paz
sabiendo que dejamos la pachamama
mucho más hermosa y abundante para las nuevas generaciones de chilenos y
chilenas.
Referencias Bibliográficas
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lograr la inclusión, BIE, Mimeo, Ginebra, 2008.
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Orellana, V., Sanhueza, J. M. & Guajardo, F. “El
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Santos Sousa, B. Descolonizar el saber,
reinventar el poder, TRICE, Montevideo, 2010.
Tadeu da Silva, T. Documentos de Identidad. Una
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